Manolo Prieto ha aportado a nuestro imaginario colectivo una de las imágenes más poderosas del panorama de la gráfica internacional, y la más poderosa a nivel nacional, nombrada imagen española del Siglo XX: el popularmente llamado Toro de las carreteras, comercialmente conocido Toro de Osborne, o familiarmente conocido como el Toro de Manolo Prieto.

Un toro que, con el paso del tiempo, se comprueba, cada vez más, que ha sobrepasado cualquiera de sus planteamientos y objetivos previos publicitarios, hasta convertirse en imagen fundamental de nuestra historia visual, llegando incluso a ser imagen de España en el extranjero. La razón de todo ello la podemos encontrar, tal vez, en que cumple la máxima de Cassandre sobre las condiciones necesarias en la imagen publicitaria que “dirigida al apresurado viandante, hostigado por un alud de imágenes de todas clases, ha de provocar sorpresa, violentar la sensibilidad y señalar la memoria de una huella indeleble”.

El dibujo que Manolo Prieto entregó a Osborne, y el uso que se dio y para el que había nacido, símbolo de Veterano, fueron superados cuando las primeras vallas comienzan a instalarse en puntos estratégicamente elegidos de la geografía española, convirtiéndose en testigos mudos del paisaje, en figuras que proyectan una de las imágenes más singulares y emblemáticas de nuestra cultura.

A partir de ese momento y a través de un imparable proceso de apropiación social, el Toro, se ha ido convirtiendo en un símbolo que sobrepasa su estricta dimensión publicitaria para convertirse en una referencia estética, una figura familiar y conocida que acompaña al viajero en su camino por la geografía española, y fuera de nuestras fronteras anima a los deportistas en sus competiciones, a los militares en las misiones humanitarias y, en general, identifica con nuestra tierra a la mayoría de los ciudadanos españoles en el extranjero.

“El Toro es la mejor valla publicitaria que existe, el acierto más pleno de todos los tiempos, en lo que se refiere a publicidad exterior”.

Luis Bassat. Publicista

“El Toro, uno de los poquísimos emblemas universales de España, el Toro que fue de Osborne y ahora es patrimonio de todos nosotros y ejemplo de diseño y publicidad en museos”.

Andrés Aberasturi. Periodista

Historia del Toro

En 1954, las Bodegas Osborne encarga a la Agencia de Publicidad AZOR un anuncio para promocionar su coñac “Veterano”, una valla publicitaria que se repartirá a lo largo de la geografía española. En esa época, Manolo Prieto es el Director Artístico de la Agencia publicitaria, y el encargo recae sobre él. Es en este momento, por tanto, cuando Manolo Prieto diseña la famosa silueta del Toro, un Toro desafiante, mirando de frente, atento a lo que sucede en el horizonte.

Su Toro fue rechazado por Osborne bajo el pretexto de que era más apropiado para una ganadería. Lejos de rendirse, Manolo Prieto insistió en ir a El Puerto de Santa María a defender su creación. El artista supo nada más crear al Toro de la fama que este alcanzaría, así que luchó ante Osborne por sacar adelante su diseño, tuvo que convencerles de por qué su silueta era buena. Finalmente lo aceptaron y probaron a ver que pasaba… Y el resto ya es historia.

La primera valla publicitaria, el primer Toro, fue instalada en mayo de 1957, en el kilómetro 55 de la carretera Madrid-Burgos, en la localidad de Cabanilles de la Sierra. Esta primera silueta tenía 7 metros de altura, 40 metros cuadrados de superficie y estaba fabricado en madera. En su época dorada, la década de los setenta, la “manada” llegó a superar los 500 ejemplares, que se dispersaron hasta por Ceuta, Baleares, Canarias, Guinea e incluso el Sahara.

Aquellos primeros Toros eran ligeramente diferentes de los que hoy en día conocemos. Tenían el cuerpo negro, los cuernos blancos, y en su cuerpo en grandes letras rojas perfiladas en blanco resaltaba la leyenda “Veterano Osborne”, con una copa de Brandy dibujada sobre la “N” de la palabra Veterano. En 1961, se fabrica el primer Toro ya en chapa metálica. Desaparecen los cuernos blancos para convertirse en negros como el resto de la silueta. La leyenda Veterano sigue apareciendo en grandes letras rojas.

Esta estructura está formada por sesenta chapas metálicas, de 190×90 cm, desarrollando una superficie 150 metros cuadrados, alcanzando un peso de 4.000 kilos. Más de mil tornillos sujetos por dobles tuercas, cuatro torretas metálicas apoyadas en sendas zapatas de seis metros cúbicos de hormigón, con un peso total aproximado de 50 toneladas.

Los retoques de la silueta original del Toro, que se hicieron posteriormente, por comodidad del herrero, no fueron del agrado del artista portuense, que llegó a manifestar en alguna ocasión: “Me están dejando el Toro hecho una cabra”, motivo por el cual en algunas ocasiones le mandaba al herrero la silueta del Toro cuadriculado para facilitarle la labor.

En 1988, y para salvar la ley de carreteras, Osborne retira cualquier tipo de publicidad sobre la silueta, como anteriormente el mismo Manolo Prieto le había sugerido a la empresa bodeguera, quedándose esta como la conocemos actualmente, un toro negro y enorme.

En el año 1994 el Ministerio de Transportes y Obras Públicas, de la mano del entonces Ministro Josep Borrell, resolvió que los 97 toros debían desaparecer del paisaje español junto con el resto de vallas publicitarias situadas en los márgenes de las carreteras españolas para hacer cumplir la Ley de Carreteras de 1988 que ordenaba que se retirase la publicidad visible de las carreteras. Es en este preciso momento cuando la silueta vive uno de sus momentos estelares y donde pudo comprobarse su enorme popularidad. Se redactan manifiestos de apoyo y se recogen firmas por parte de miles de ciudadanos anónimos pidiendo su indulto. Escritores y columnistas, como Antonio Burgos, Francisco Umbral, Andrés Aberasturi, Consuelo Álvarez de Toledo, Antonio Gala, Jaime Campmany, Fernando García Tola, etc., escriben artículos sobre el asunto en los principales diarios de tirada nacional pidiendo el indulto para la silueta, incluso la polémica traspasa las fronteras nacionales y se escribe sobre el asunto en periódicos internacionales. Artistas gráficos, como Martín Morales, Mingote (emotiva viñeta la que realiza homenajeando a Manolo Prieto), Ricardo y Nacho, Forges, dibujan viñetas en sus respectivos periódicos homenajeando al toro y a la figura de Manolo Prieto.

Ese mismo año, y tras la presión popular, el Parlamento indulta a la valla publicitaria, diseñada por Manolo Prieto, en aplicación de la legislación del patrimonio cultural artístico. “La significación artística y cultural del toro de las carreteras y su integración en el paisaje español deben ser protegidas”, reza la proposición aprobada por los diputados, quedando así excluida de las restricciones impuestas por la Ley de Carreteras de 1988.

La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía va más allá, y en Diciembre de 1996 inscribe a la valla publicitaria en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz y en febrero de 1997 los 21 toros que descansan en tierras andaluzas pasan a convertirse oficialmente en Monumento Histórico Andaluz, garantizando así su supervivencia futura, siendo declarada la valla publicitaria diseñada por Manolo Prieto como “un símbolo de España y, muy en particular, de Andalucía”

Sin embargo, es en 1998 cuando el Tribunal Supremo indulta definitivamente la silueta del toro en las carreteras ya que entiende que “ha dejado de ser el emblema de una marca, para convertirse en algo decorativo, integrado en el paisaje”.

Actualmente quedan 91 toros en el territorio nacional, una obra de arte que ya pertenece por derecho, no solo ya a la historia del diseño gráfico español, sino también al propio pueblo español.

“Este Toro de Manolo es un poderoso símbolo, una escultura rotunda, un componente insustituible en nuestro paisaje, que los burócratas querían borrar de nuestras carreteras. Por eso la decisión de declararlo bien cultural, me parece de un alcance que aún todavía no apreciamos en su justa medida”.

Alberto Corazón. Diseñador gráfico

“… el Toro de Osborne lo inventó Manolo Prieto como marca de la casa y era una marca genial porque Manolo Prieto fue el mejor dibujante de los años 50 y un maestro de la publicidad…”.

Francisco Umbral. Escritor