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El gran trabajo como ilustrador de Manolo Prieto fue, sin lugar a dudas, los diecisiete años que dedicó a la Revista semanal "Novelas y Cuentos", una colección de folletines que había editado su primer número, en su primera etapa, antes de la guerra, y de la que Manolo Prieto se ocupó principalmente en la segunda y tercera etapa, desde 1942 a 1959. Novelas y Cuentos convivió en su tiempo con otras publicaciones semanales como La Novela Corta, El cuento semanal, La novela semanal, La novela , Los novelistas o La novela rosa, entre otras. Novelas y Cuentos era la publicación de una obra de la literatura universal y que pretendía poner la cultura y el entretenimiento al alcance de todos. Su difusión desde el primer momento fue extraordinaria.

Desde que empezó a trabajar para Novelas y Cuentos, Manolo Prieto se ocupó prácticamente en exclusividad durante diecisiete años, aunque en ocasiones compartió espacio con otros ilustradores, de la ilustración que iba en la portada, en un contexto donde la tipografía, los textos y la maqueta venían impuestos. Las portadas siempre venían bajo el mismo esquema: bajo la cabecera, bajo el nombre del autor y el título de la obra y el precio en un número grande, se podía leer, en negrita y visible un resumen de la obra. En grande venía la ilustración de Manolo Prieto. Esta ilustración de Prieto es la que le confiere a la revista una imagen muy peculiar que otras publicaciones no lograban alcanzar.

Al principio Manolo Prieto heredó, en la segunda etapa, el formato que la revista tenía en la primera etapa, de gran folio, aunque la idea de la cubierta seguía viniendo de la primer etapa y que era siempre un retrato dibujado del autor de la obra. Manolo Prieto fue progresivamente suprimiendo el retrato por sus dibujos, y ya en la tercera etapa, se mantuvieron los dibujos de Manolo Prieto, aunque el formato de la Revista pasó a cuarto, como la mayor parte de esta clase de publicaciones de la época.

A diferencia de las otras publicaciones, Manolo Prieto tuvo desde el principio la posibilidad de disponer de dos o tres tintas planas, con frecuencia el amarillo, el rojo y el negro, el azul, el rojo y el negro, y en ocasiones el verde, el rojo y el negro.

La rapidez con la que tenía que hacer los dibujos, mientras escuchaba a su mujer leyéndole la obra que debía ilustrar (según sus propias palabras porque el trabajo apremiaba y no tenía tiempo para leer las narraciones), más de una vez rodeado también de sus hijos, determinaba el resultado, que a menudo no podía ser ni revisado ni sustituido. La creatividad en las ilustraciones de Manolo Prieto supone una portentosa acción de síntesis, al tener que resumir con eficacia y claridad, en una sola composición, el argumento y contenido de la novela, de tal manera que las imágenes tradujeran en un solo golpe de vista las ideas medulares del autor que había escrito la publicación. No se trataba, pues, de ilustrar un texto a través de una secuencia de imágenes como habitualmente se hace en el ámbito literario, sino lograrlo con una sola impronta icónica.

Los dibujos eran en general esquemáticos, de líneas muy simples y con una idea básica que resumía muy bien el argumento de la obra. En definitiva, ilustraciones románticas, modernas y con un encanto incuestionable que convertían la portada en pequeñas joyas artísticas. Hoy en día, una gran variedad de sus portadas siguen siendo consideradas modernas después de medio siglo de su realización.

Las portadas de Manolo Prieto son merecedoras, en todo momento, de estima y admiración. Recibieron adjetivos como memorables o magistrales, por ejemplo se puede recordar algunas como la realizada para El reloj del Señor Humphrey, de Dickens, realizada en 1951, o El Gran Hotel de Gómez de la Serna, realizada en 1949, Partir... de Roland Dorgelés, realizada en 1956. Una amplísima selección de tales portadas nos permiten colocar el nombre de Manolo Prieto al lado de los grafistas más cultos y refinados de nuestra modernidad reciente en Europa y América.

Como bien dice Fernando Martín Martín, de la Universidad de Sevilla, si se reunieran todas las portadas realizadas por Manolo Prieto en Novelas y Cuentos en un solo libro, es decir, configurado solo por imágenes y la sola salvedad del título de cada uno de los ejemplares que componen la colección, obtendríamos una suerte de enciclopedia visual acerca de la condición humana, tanto en sus rasgos dramáticos y trágicos, como de humor, convirtiéndose en un álbum de conocimiento tanto de un tiempo como de una forma de afrontar la existencia

Manolo Prieto fue sin duda uno de los últimos ilustradores a la vieja usanza en la industria editorial española. A partir de los años sesenta el trabajo de Prieto y el de otros artistas como él, fue sustituido, en el terreno editorial, por fotografías o montajes.

Daniel Hermoso Prieto



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